Por Juan Carlos Fermandez @lagarfernandez
Por estos días, una pregunta comienza a ganar espacio entre productores, vecinos y comunidades del interior correntino, si el fenómeno de «El Niño» puede traer un período de lluvias superiores a lo habitual, ¿están realmente preparados están los gobiernos para enfrentar sus consecuencias? La inquietud alcanza tanto al gobierno nacional, provincial como a cada uno de los municipios y, en el caso de San Miguel, adquiere una importancia particular por las características de una localidad profundamente vinculada a la actividad rural y rodeada por una extensa zona de campos bajos y zonas inundables.
El fenómeno de «El Niño», originado por alteraciones en la temperatura del océano Pacífico y su interacción con la atmósfera, puede modificar los patrones climáticos en distintas partes del mundo. En el nordeste argentino, y especialmente en la región del Litoral, su presencia suele ser observada con atención debido a la posibilidad de un aumento en las precipitaciones y a la ocurrencia de períodos con excesos hídricos. Naturalmente, esto no significa que cada evento de «El Niño» provoque necesariamente inundaciones ni que toda Corrientes vaya a sufrir las mismas consecuencias. El clima tiene múltiples variables y resulta imposible anticipar con exactitud qué ocurrirá en cada localidad. Pero los antecedentes y las proyecciones climáticas obligan a mirar el escenario con seriedad.

Y es precisamente allí donde aparece la gran pregunta: ¿qué se están haciendo antes de que lleguen los problemas? Porque cuando el agua ya cubrió los caminos, cuando un paraje quedó aislado o cuando una familia necesita ser evacuada, las respuestas suelen llegar demasiado tarde. La verdadera preparación debería comenzar mucho antes: con obras, mantenimiento, planificación, relevamientos y una coordinación efectiva entre los distintos niveles del Estado.
En San Miguel, esa discusión tiene una dimensión concreta. La localidad no puede analizar un eventual período de lluvias intensas únicamente desde la comodidad de su casco urbano. Existe una amplia zona rural donde cientos de familias dependen diariamente de caminos vecinales para trasladarse, llevar a sus hijos a la escuela, acceder a servicios de salud, transportar mercaderías o desarrollar sus actividades productivas. Por eso, si se aproxima un escenario de mayores precipitaciones, una de las primeras cuestiones que debería conocerse es el estado real de esos caminos. ¿Están en condiciones de soportar semanas de lluvias? ¿Se encuentran limpias y en funcionamiento las alcantarillas, las zanja? ¿Existen puntos críticos ya identificados? ¿Hay maquinaria disponible para intervenir rápidamente?
Son preguntas que no deberían formularse cuando ya comenzó una emergencia, sino ahora. La responsabilidad, por supuesto, no recae exclusivamente sobre el Municipio. El Gobierno de Corrientes tiene un papel central por su capacidad de planificación, infraestructura, recursos y coordinación de organismos como el ICAA. Defensa Civil, Vialidad y las diferentes áreas vinculadas a la emergencia. Frente a un fenómeno climático que puede afectar simultáneamente a varias localidades, la articulación provincial resulta indispensable.
Entonces surge otro interrogante: ¿existe hoy un plan específico de contingencia ante los posibles efectos de «El Niño» en Corrientes? Sería importante conocer cuáles son las zonas que la Provincia considera más vulnerables, qué obras preventivas se encuentran en marcha, cómo se coordinará la asistencia a los municipios y si ya existen recursos preparados para responder ante eventuales evacuaciones, anegamientos o cortes de caminos. La prevención también requiere información. Los gobiernos cuentan con herramientas técnicas, pronósticos, organismos especializados y antecedentes históricos que permiten identificar riesgos. La cuestión es si toda esa información se está transformando efectivamente en decisiones concretas.

En el caso de San Miguel, los vecinos tienen derecho a saber qué medidas se están tomando. No se trata de generar temor ni de anunciar una catástrofe. Se trata, sencillamente, de preguntar. ¿El Municipio está elaborando un plan? ¿Se están relevando los sectores más vulnerables? ¿Se trabaja sobre desagües y caminos? ¿Existe coordinación con la Provincia ante una eventual emergencia? ¿Están identificadas las familias que podrían quedar aisladas? Estas preguntas son necesarias porque la prevención no siempre se ve. Una obra de emergencia puede resultar visible cuando comienza la crisis, pero limpiar un canal, reparar una alcantarilla, consolidar un camino o diseñar un protocolo de asistencia son tareas silenciosas que pueden marcar una enorme diferencia cuando llega el momento de actuar.
La experiencia en Corrientes, demuestra que el agua puede convertirse rápidamente en un factor de aislamiento. En una provincia de geografía predominantemente llana, las lluvias persistentes pueden afectar caminos rurales durante largos períodos. Para un productor, eso puede significar dificultades para trasladar animales o sacar su producción. Para una familia, puede representar problemas para llegar al pueblo. Para el Estado, implica el desafío de garantizar asistencia allí donde las condiciones climáticas complican el acceso. Por eso, la llegada de «El Niño» debería ser interpretada como una oportunidad para anticiparse. Esperar que aparezca el problema para comenzar a organizar la respuesta es, quizás, la peor estrategia posible.
La preparación debe incluir a todos. Nación, Provincia y Municipio necesitan trabajar de manera coordinada, pero también es fundamental la participación de productores, instituciones, bomberos, personal sanitario, docentes rurales y vecinos que conocen como nadie cuáles son los puntos donde históricamente aparecen las dificultades. San Miguel tiene una ventaja que no debería desaprovechar: sus propios habitantes conocen el territorio. Saben qué caminos se cortan primero, dónde se acumula el agua y qué parajes pueden quedar más expuestos. Esa experiencia debería formar parte de cualquier planificación oficial. El desafío, entonces, no es solamente meteorológico. También es político y de gestión. ¿Se actuará de manera preventiva o se esperará nuevamente a que la emergencia obligue a correr detrás de los acontecimientos?
«El Niño» puede traer lluvias, pero no debería traer sorpresas. La información existe, los antecedentes están y las herramientas para prepararse también. Lo que resta conocer es si quienes tienen la responsabilidad de gobernar están utilizando este tiempo para anticiparse. En los próximos meses, Corrientes podría enfrentar un escenario climático que requerirá atención permanente. Y en localidades como San Miguel, donde el campo y los caminos rurales forman parte esencial de la vida cotidiana, la prevención no puede ser un discurso de último momento.
La pregunta ya está planteada y merece una respuesta clara, si el agua llega con fuerza, ¿estará San Miguel preparado? ¿Lo estará Corrientes?. Porque cuando las lluvias comiencen a caer, ya no habrá tiempo para preguntarse qué se debió hacer. La verdadera respuesta al fenómeno de «El Niño», no comenzará el día que se inunde, está comenzando ahora y probablemente dure hasta marzo del 2027, y podria ser un «Super Niño», la respuesta esta en las decisiones que tomen o dejen de tomar, las autoridades del gobierno provincial y los municipales._

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