Hay noches que quedan grabadas para siempre. No importa si se viven en una gran ciudad o en un pequeño pueblo del interior del país. Cuando juega la Selección Argentina, las calles se vacían, los comercios bajan las persianas unos minutos antes y las familias se reúnen frente al televisor con la misma ilusión de siempre. Y este miércoles fue una de esas noches inolvidables.
«La Scaloneta», volvió a demostrar que está hecha para las grandes hazañas. En una semifinal cargada de historia y emoción, Argentina derrotó 2 a 1 a Inglaterra con una remontada épica y consiguió el pasaje a una nueva final de la Copa del Mundo. Una victoria que hizo estallar de alegría cada rincón del país y que volvió a unir a millones de argentinos bajo una misma bandera. No fue un partido sencillo. Inglaterra planteó un encuentro intenso y logró golpear primero en el segundo tiempo, cuando Anthony Gordon abrió el marcador y silenció por un instante a los miles de hinchas argentinos presentes en el estadio. También hubo un momento de incertidumbre en cada hogar del país. En los bares, los clubes, las sedes sociales y las casas de familia se hizo un silencio que duró apenas unos segundos. Porque este equipo ya demostró muchas veces que nunca se entrega.

Con el resultado en contra, Argentina reaccionó como lo hacen los grandes campeones. Comenzó a manejar la pelota, adelantó sus líneas y fue encerrando a los ingleses contra su propio arco. Lionel Messi volvió a convertirse en el conductor futbolístico y emocional del equipo, cada intervención del capitán despertaba la esperanza de que el empate estaba cerca. El premio llegó cuando el reloj marcaba los 85 minutos. Enzo Fernández encontró un espacio fuera del área y sacó un remate preciso que dejó sin posibilidades al arquero inglés. El gol desató un grito contenido que recorrió de punta a punta el país. En los pueblos del interior comenzaron a escucharse las primeras bocinas, las banderas volvieron a flamear y los abrazos empezaron a multiplicarse. Pero Argentina quería más. No se conformaba con llevar el partido al alargue. Con el envión anímico del empate fue decididamente por la victoria y volvió a aparecer esa sociedad que tantas alegrías le regaló al fútbol argentino.
Ya en tiempo de descuento, Lionel Messi levantó la cabeza y metió un centro perfecto al corazón del área. Allí apareció Lautaro Martínez para anticipar a la defensa inglesa y conectar un cabezazo impecable que terminó en el fondo de la red. Fue el gol del desahogo, el de la clasificación, el que hizo explotar de emoción a todo un país. Entonces sí, el pitazo final encontró a los jugadores abrazados dentro de la cancha mientras, a miles de kilómetros, la celebración se repetía en cada pueblo y ciudad de la Argentina. Las plazas comenzaron a llenarse de vecinos con camisetas celestes y blancas, las caravanas recorrieron las avenidas principales y las bocinas volvieron a convertirse en la banda sonora de una noche inolvidable. Este nuevo triunfo confirma el enorme momento que atraviesa la Selección dirigida por Lionel Scaloni. Más allá del resultado, el equipo volvió a exhibir personalidad, compromiso colectivo y la convicción de que siempre hay una oportunidad mientras quede tiempo por jugar.

Ahora el sueño está a un solo paso. Argentina disputará la gran final del Mundial frente a España con la ilusión intacta de conquistar una nueva estrella y seguir escribiendo una de las etapas más gloriosas de su historia futbolística. Mientras llega el domingo, en cada rincón del país volverán a aparecer las banderas en los frentes de las casas, los chicos jugarán en las calles imitando a Messi, a Lautaro y a Enzo, las conversaciones girarán alrededor de un único tema. Porque cuando juega la Selección no existen distancias ni diferencias. Desde las grandes capitales hasta el más pequeño pueblo del interior, todo un país vuelve a latir al mismo ritmo.
La ilusión sigue viva. Argentina está otra vez en la final del mundo y millones de corazones ya empezaron a jugar el partido más esperado, nos vemos el domingo._
JCF. Para El Portal Noticias

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